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SURF
STORIES
Nuestra seccion literaria:
en este espacio publicaremos
cuentos, historias, anecdotas, poesias y todo tipo de texto que esté inspirado en
el Surf y el Mar. Quedan formalmente invitados a enviarnos
su material via e-mail a editor@tresquillas.com.ar
para ser publicado en esta seccion junto con el nombre del autor. Pueden acompañar
su texto con fotos, ilustraciones etc. Esperamos sus mails!
Indice
de las "Surf Stories":
(para leer cada texto
hacer 1 click en el Titulo correspondiente. Buena lectura!)
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El
Escape por Máximo Dellarole (Argentina)
30/12/2001: Despues
de una larga espera en el puerto de Buenos Aires terminamos zarpando con rumbo
a Uruguay. No quedaba un pasaje sin vender, "la capacidad del barco está
colmada. Por favor no ocupar asientos con bolsos" anunciaba el capitan de a
bordo por los autoparlantes cada 15 minutos. Muchos nos ibamos, despacio,
mientras en Buenos Aires el descontento y la violencia parecian no tener fin.
Los acontecimientos de los ultimos dias del mes de Diciembre de 2001 nos marcaron
mucho a los argentinos. Por lo
menos a la gente de mi generacion, que nunca habia participado de
manifestaciones masivas, ni visto hechos de violencia generalizados tan de cerca.
(cacerolazos, caída del gobierno(?) de De La Rúa, represión y muerte en la
Plaza de Mayo...)
Ya en medio
del Rio de la Plata, de la ciudad solo se veian, diminutos, algunos edificios.
El sol brillaba en la cubierta, y el calor era agradable. Recien en ese momento
se pudo empezar a pensar en el objetivo del viaje, en el surf, en las olas, en
otra cosa. Colonia del Sacramento,
Uruguay : despues de 2 horas de navegacion, recuperar nuestras tablas ilesas era lo primero que teniamos que
hacer. Y despues a luchar por nuestro equipaje. Si alguna vez creimos pertenecer
al primer mundo, la idea queda definitivamente descartada en el momento de
querer recuperar los bolsos y mochilas. Cientos de personas empujandose,
peleando, gritando y agitando los brazos para lograr que uno de los 4 empleados
del puerto uruguayo identificara y entregara el equipaje. Con calma decidimos sentarnos
en el suelo y esperar. Esperar a que terminara la locura, y ya cuando quedara
poca gente, buscar lo que era nuestro.
Dos horas de
viaje nos
dejaron en la terminal de omnibus de "Tres Cruces" en la ciudad de Montevideo : la terminal de micros resultó comoda y
esta vez mas organizada. Comimos algo y embarcamos nuevamente por 2 horas mas de
omnibus hacia nuestro destino final : La Paloma.
Estar de vuelta en un lugar
tan tranquilo y natural como La Paloma es reconfortante. Poder ver nuevamente
los pinos verdes, los caminos de tierra y arena del bosque, y el vasto
horizonte marino... se siente casi como si nunca nos hubieramos ido.
En el primer dia de surf se
imponia madrugar exageradamente. 6:00 AM arriba, con la tabla bajo el brazo y de
un paso rapido y ansioso caminamos los 500 metros que nos separaban de la playa.
Ahi estaba el mar mostrandonos toda su magia. La suerte acompañó. Aunque el
cielo se habia nublado, las olas eran medianas, de alrededor de 3 pies, y el
viento contribuia soplando sostenido y de tierra. Entramos sin pensarlo al agua,
deslizandonos acostados sobre las tablas, y empezando a remar hacia el line-up.
Segundos despues, la frescura del primer patito ( duck diving) nos sacó toda
duda : estabamos entrando al mar, listos para disfrutar de un dia de surf...
Pasaron las horas, el
almuerzo, y de vuelta al agua. Ya el cielo se habia despejado y el sol brillaba
como nunca. El dia estuvo lleno de buenas maniobras, surfeamos casi solos olas
de calidad. Subiendo y bajando por las paredes de agua verde, dando curvas suaves,
salpicando agua salada hacia el horizonte. Observando la ola venir, acercarse, empinarse, curvarse
y romper suavemente. Hasta que el sol decide ponerse y el mar se vuelve brillante, de oro
anaranjado, y el cielo envia sus ultimos
rayos de luz.
El dia habia
terminado pero no seria olvidado. Terminada la ultima ola, caminamos por la arena todavia
tibia comentando las ultimas olas agarradas. La tabla otra vez bajo el brazo, como esa misma mañana. Ya en silencio, pensabamos en el dia que
habia pasado. El sueño se habia convertido en realidad: La Paloma nos habia
regalado un
dia de surf perfecto. (Fin)
Para saber mas
sobre La Paloma visiten nuestra seccion Uruguay dentro de
Surf Trips !
Fotos (por Mariano): De esta manera nos avisan que un dia se termina
en La Paloma (Uruguay). Las Tres Quillas de la tabla descansando despues de un
dia de surf, contemplando la puesta de sol que se repite dia tras dia en La
Paloma / 3QS de Surfari por las tranquilas rutas del Uruguay.
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Delirios de surfista, por German Distel,
alias el Chino.
En mi rutina cotidiana
me levanto de mañana.
y voy directo a la bañera
mientras hierve la tetera.
Visto medias, zapatillas y remeras
también jeans, buzos y camperas
pues me dá la sombra de los edificios
y aquí no soplan vientos alisios
Aún dormido desayuno
sin sentimiento alguno
que me anime a continuar
y no quedarme a descansar
Fuera del departamento
la gente anda apurada
todo es movimiento
no se puede no hacer nada
Jungla de cemento!
no hay arena, hay pavimento
y aunque tiene cosas bellas
no hay noches con estrellas
Distinto es en verano
cuando salgo tabla en mano,
en dirección al espigón
pa' buscarme un gran olón.
Radiante sol de Enero
Ya descalzo y sin ojotas
camino bajo el azul del cielo
escuchando a las gaviotas.
Pues yo aquí pertenezco
y a mi mismo me parezco
en esta calle sin vereda
que es la orilla mañanera.
Buenas ondas se aparecen
como el mar ha prometido
aunque de tubo ellas carecen
yo me entrego al olvido
Ya mis pelos están duros
y mi piel está salada
estos sí son días puros
esta vida es regalada!
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UN
AMOR, UN LUGAR... por
Victoria
A
pesar de que en la vida uno tiene que contemplar el futuro y manejarse
responsablemente para forjar su destino, yo tengo una máxima clara e
inquebrantable que me auto repito todos los días: en la vida hay que
priorizar. Así de clara la tengo, que con 20 años me tomo casi 3 meses de vacaciones en La Paloma, y ningún estudio ni relación
ni cuestión externa me pueden sustraer esos meses sagrados. Porque son míos
y son para vivir como realmente quiero, o sea, surfiando.

Son
casi tres meses de vivir de forma pura y auténtica. De adquirir hábitos, de
aprender montones de cosas, de conocerse uno y desafiar limites que se van
renovando a medida que se amplia el gran espectro de horizontes. No hay día
que pase en ese lugar que no agradezca la rutina de levantarme y lavarme la
cara en el mar, de comer ese arroz alternado creativamente con lo que pinte
cada vez, de tener una amiga que sea cómplice de todo eso y me acompañe en
la rutina, de dormir en una carpa que no se llueve nunca y que, a pesar del
constante contacto con los insectos del lugar, me deja respirar más
hondamente el aroma de pinos y me permite escuchar el mar crujir contra la
escollera. Los tambores de los domingos, la paz del atardecer, el silencio cómodo
del crowd en el agua, la ropa toda ensalitrada, los locales, los cuentos, el
mar que entra o el viento que rota (sobre todo si es un pampero y la aguada va
a estar verde y clásica todo el
día); doy gracias a todo.
Es
increíble tener días redondos, en los que podrías contagiar histéricamente
la felicidad porque de verdad la estas sintiendo. O días de surfing en los
que conociste más a tu tabla o a la ola, o tiraste una maniobra nueva sin
planificarla. Porque estas fluyendo, gozada, porque el momento te inspira.
Porque estas donde tenes que estar.
Lamentablemente
tuve que volver a la rutina de cemento, sabiendo que de ahí en adelante todo
se reduce a fines de semana. Y me
enloquecí. Y estuve 4 días que no me aguanté la cabeza, junte más plata y
me auto repetí la máxima: hay prioridades. Y así fue que me volví a ir,
una semana más de campamento, pero esta vez sola. Y si bien, a veces hubiera
estado bueno compartir un momento en el agua o un arroz con alguien, esa
semana no la cambio por nada.
Ni
bien llegué el s.oeste se acomodó de forma tal que la aguada entro a bombear
en forma consecutiva y pareja, derechas e izquierdas, calentitas y
cristalinas. Saludé a la misma gente de siempre que no entendía como yo
seguía “vacacionando”. Me tiré sola. No era una hora muy convencional
por una cuestión de sol y almuerzo, pero se me hizo más fácil tomar una
atrás de la otra, eufórica, como si hiciera 1 mes que no me tiraba. De
repente, casi sin darme cuenta tomé una desde la bajada de la escuelita.
Cuando la miré era una pared hermosa, esperando que la tocara, y la toqué.
Cuando no la vi más, instintivamente (creo yo) pisé la tabla de forma tal
que me zigzagueó una vez, y después otra, y vi más pared, y me moví de
manera tal que al caerme de la ola, (y con una risa de oreja a oreja) caí que
había sacado 2 batidas y mi primer floater. Y no lo podía creer.
Y
necesitaba gritar y contárselo a mi a miga la peque, que siempre me acompaña
desde que corrí una derecha o pegué los primeros rebotes. Y como no había
nadie excepto los guardavidas y otros pocos “playeando” un rato entré a
remar para adentro, y agarré otra, y lo mismo. Y palo fue, palo vino, corrí
en una semana como antes no lo había hecho. Y agradecí más el arroz que me
cociné, las noches sola en la carpa, el aguante de cabeza de mis viejos, la
magia del lugar. Todo. Una semana más me hizo la diferencia. Finalmente
tuve que volver. Y esta vez iba en serio.
Y
ahora estoy en la ciudad. Llena de moretones y cuentos. Pinchando algunas
burbujas que crecieron estando en la paloma. Analizando prioridades. Sabiendo
más que nunca que es ahí donde quiero estar y aunque espero conocer olas índicas,
pacíficas o de otros lares igual de increíbles, es ahí donde voy a
volver.
Victoria.
nota
3QS: Victoria nos envió una fotos muy buenas de La Paloma, pueden verlas en
la seccion Uruguay/La Paloma.
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Mi
mejor surfada. por Matias Braccini.
Hola
gente surfera, que bueno que tengamos un modo de comunicarnos y expresarnos; 10
felicitado a la gente de 3quillas y otras paginas argentinas que difunden este,
nuestro amado estilo de vida que eligimos vivir.
Como
empezar la historia, ya se, digamos que empieza asi… Soy biologo marino y hace
3 años y pico que me vine a Australia para hacer el doctorado. La idea de
Australia cerraba por partida doble, una, yo laburo con tiburones y aca de esos
abundan, dos surfar es mi vida (en lo personal digamos, porque mi mujercita es
mi otra gran pasion, y mejor que quedemos bien porque seguro leera estas lineas
; ) ) y fuera lo que fuera hacer de mi vida, tenia que ser alla donde rompiera
una ola, y en Australia de esas abundan tambien.
Irse
del pais, un bajon terrible, durisimo dejar a la gente querida, pero el destino
es el destino y a eso no podemor rehuir. Asi que me vine con mi jermu, 5 valijas
gigantes y una 6’4” cono sur bastante baqueteada a la que enseguida tuve que
reemplazar.
Vivo
en South Australia, en una ciudad que se llama Adelaide, la que esta dentro de
un golfo que, por esas putas malas leches, tiene una isla gigante en la entrada
que bloquea casi todo el swell y por la direccion predominante del swell (aca
entra en general del sudoeste, derechito desde la Antartida), no entra tan
seguido cerca de donde vivo asi que hay que viajar un poquito (entre 70 a 300
km) para surfar algo de mejor calidad.

Foto:
Tubazo rompiendo en West Cape (sacado a una distancia de 80-90 metros)
Mi
historia se trata de uno de esos surf trips en busca de la ola soñada. Este
verano que paso tuvo la suerte de que me visitaran desde Argentina mi hermano y
hermana. Mi hermana no surfea asi que vino joya para que le hiciera compañia a
mi jermu en la playita (los casado/as y de novio/a con personas no surfistas
sabran entenderme muy bien; cuando despues de una sesion de 4 horas salis
diciendo “…la ola estaba algo floja, un poco chancha para mi gusto” a lo
que la pareja enfurecida responde con una mirada sacada de “El exorcista”).
Mi
hermano, Fede, corre con body, asi que tras 3 años de surfear en soledad, la
vida me regalaba otra vez esa oportunidad increible de compartir el mar
nuevamente con alguien tan importante y querido como Fede.
Antes
de el sudodicho viaje, tuvimos la suerte de que entrara un swell epico y
pudirmos correr una izquierda algo chupadita que rompe sobre un reef poco
profundo y que tiene un take off medio jodidon. Con ese calentamiento previo de
4 dias, partimos a un parque nacional que queda en la Yorke Peninsula (dato para
los amantes de geografia y los que piensan planear algun surf trip por estos
pagos), a 300 km de Adelaide. Luego de 4 horitas de viaje, llegamos al parque,
armamos carpas y demas implementos de camping y nos fuimos a checkear las
playas.
El
parque es bien virgen y salvaje, con canguros y demas bichos australianos dando
vueltas por ahi, osea que las playas son muy copadas y bastante aisladas de
todo, lo que te da algo de cagazo al pensar en esos “hombres en el traje azul”,
como le dicen los gringos a los tiburones, en especial al blanco.
El
primer dia recien se empezaba a sentir el efecto de nuevo swell que entraba pero
no mucho que contar sobre eso, solo corrimos una olita que llegaba a la cintura
sobre un reef break bastante tranqui.
Al
segundo dia cambiamos de playa y eligimos una mucho mas expuesta donde el swell
iba a tener mas efecto. Esta playa (West Cape) solo funciona en verano por una
combinacion de bancos de arena, vientos y swell, asi que era el momento ideal
para entrarle. Ese dia el swell levanto mucho, por ahi 4 pies, pero los bancos
no estaban del todo bien formados asi que la ola estaba entubando pero super
chupada; igual entramos, mi hermano con su body se pegaba unos lindos rollos
pero yo tenia que medir muy bien la ola para no sacarme la cresta, como dicen
unos amigos chilenos.
De
todas formas, ya estabamos viviendo nuestra gran pasion, juntos de nuevo,
gritando las olas del otro, viendo desde atras del tubo como el otro corria esa
dimension sin tiempo que te hace encontrar a tu yo interno, tu esencia.
Al
dia siguiente, no momento, esa noche luego de gran fuentona de fideos con tuco
nos fuimos a dormir; para que, el ruido de las olas rompiendo, traido por el
viento a traves del medano me hacia recordar cada ola surfada y fantasear con
las olas que correriamos al dia siguiente, fue imposible pegar un ojo. Ya de
dia, levantamos campamento para dejar todo preparado para el retorno a casa y
una vez listo todo, partimos para la playa que tan bien nos recompenso el dia
anterior.
Simplemente
les digo esto: agua transparente con olas de 6 a 8 pies, todos los bancos
funcionando y generando unas derechas (tubulares) e izquierdas (algo mas
chanchonas) de clase mundial… uaaaauuu loco, nunca la naturaleza me habia
regalado tremendo espectaculo. Ah, detalle, en poco mas de 2 km de playa, solo
otros 2 surferos en body. La panzada que nos dimos. Primero entramos en un banco
que estaba tirando unas izquierdas loquisimas, super critico el take off, me
sentia en Teahupoo o Pipeline!
El
take off era demasiado critico para surfarla con mi tabla asi que case una
camara de agua descartable y me puse a sacarle fotos a mi hermano y a estos
otros dos body boarders que estaban totalmente insanos. Nunca vi a nadie encarar
olas como estos dos pibes, totalmente sacados y pegando maniobras que nunca
habia visto. Fede estaba algo nervioso, la ola era bien critica y tecnica, al
minimo error o duda, de jeta al banco, a saludar a los cangrejos, pero igual
conecto unas olas poderosas.
Despues
de un par de fotos no aguante mas, tenia que surfar! y nos fuimos al banco de al
lado que, no tan critico, tenia un take off mas hacible (no se si invente esa
palabra pero ustedes entienden). Panzada de olas gran, era un "A frame"
asi que pegamos tubos en la derecha y un par de maniobras en la izquierda que
tenia una pared mas maniobrable.
La
felicidad nos brotaba por los poros, incluso unos delfines se pegaron unos
buenos rides tambien. Despues de 4 horas (no aguantamos mas porque habia una
corriente lateral matadora que te sacaba del line up, y en las condiciones de
surf que habian, no podiamos dropear la ola en un lugar que no fuera el justo)
salimos agotados, desbordantes de alegria y con la sensacion de haber vivido
algo magico, esa conexion de espiritu entre nosotros y con el mar.
Fede
volvio para Argentina, pero se que un nuevo swell lo va a traer otra vez y
volveremos a surfar tremendas olas nuevamente.
Saludos
para todos, respetemonos mutuamente y a la naturaleza
Matias
Braccini (matias.braccini@adelaide.edu.au)
Foto:
Los fideos de la noche...
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Les
tengo que contar que el sabado 23 de Abril fuimos con mi amigo Adrian a Garie
Beach (ver foto adjunta) en el Royal National Park, 60km al sur de Sydney. El
lugar es muy lindo, con senderos, acantilados y playas semi desiertas.
Pero los que les quiero contar, o tratar de describir es mi experiencia
surfistica de ese sabado.
Sol,
+25 grados sin viento y el agua azul verdosa a 22 grados: condiciones ideales
para surfear sin traje. Las olas estaban de primera, periodo largo, super
glassy y con mucho volumen. Y los bancos estaban perfectos. Producian unas
olas hermosas dignas de revista. Estaban grandes y levantaban muy rapido sobre
el banco de arena que venia de +/- tres metros de profundidad a un metro. Asi
que toda esa fuerza y friccion con el fondo levantaba unas paredes gloriosas
que superaban los 9 pies tranquilamente. Asi que voy como desesperado...
Bueno,
el tema es que le entro a la primera y como levanta muy rapido, pierdo el
equilibrio, caigo desde la cresta, pego contra el fondo de arena y me
sacude para todos lados, logrando salir con lo ultimo de aire que me quedaba
en los pulmones.

Vuelvo para el line-up, donde solo eramos unos 7 u 8 pibes, y me siento en la
tabla para recuperarme.
Dejo pasar un par de olas. Quedo medio solo en el line-up y en eso veo esta
ola hermosa y perfecta que se empezaba a levantar. La mido y empiezo con a
bracear a media maquina porque no queria adelantarme mucho. La agarro y no
encaro derecho para abajo ya que intentar un bottom turn en esa ola era
suicida por lo empinada que estaba. Asi que la encaro para abajo pero bien de
costado, tipo a unos 45 grados. Y empiezo a bajar esta pared hermosa y
transparente que se levanta muy rapido.
Foto:
con alarma contra Tiburones incluida, y unas olas increibles (tubos
tambien incluidos) Garie Beach - Australia, por un argentino. Leo Arias.
Logro
ponerme bien de costado, trimeando la seccion a una velocidad impresionante,
con el rail bien clavado en la pared. Y de pronto la pared se empieza a
levantar mas y mas a mi lado. Y entonces la cresta (o labio: lip) empieza a
cubrirme y pasar por encima de mi cabeza! NO LO PODIA CREER!!! ESTOY EN
EL TUBO!, me dije. El agua giraba y pasaba sobre mi. Parecia un sueño. Y ahi
segui, sin poder creerlo, por unos segundos mas (5 o 6, que ahora que lo
revivo en mi memoria pareciera que fueron minutos!) Y cuando la seccion estaba
por cerrarse furiosamente, me tire hacia adelante para alejarme de la tabla lo
mas posible y evitar que me pegue (o me corte otra vez)
QUE
OLA POR DIOS!!!! Fue algo impresionante. Es muy dificil describir con
palabras. Pero la sensacion fue de total armonia con el mar, de sincronicidad
perfecta, estando en el lugar y momento justos. Despues del nacimiento de mi
hija Uma, fue el dia mas intenso de mi vida.
Desde
el sabado, cuando me acuesto, cierro los ojos y corro esa ola una y otra vez.
Hasta quedarme dormido.
Mi jefe (que tambien surfea) me dijo que eso es algo que me va a acompañar el
resto de mi vida.
La
verdad que momentos asi justifican todas esas horas de frustacion de cuando
empece a surfear, 4 años y medio atras, todas esas mañanas de frio o
tormenta, donde iba a surfear para no fallarle a Adrian, todas esas veces que
me di golpes, me corte, me picaron las agua vivas, casi me ahogo (dos
veces) y el cagazo mortal que me agarro cuando un vez los guardavidas hicieron
sonar la alarma de tiburones (que por suerte no fue nada)
En
fin, queria compartirlo con uds, mis amigos surfers que pueden entender de que
les hablo.
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Momentos
simplemente inolvidables...Por Gervasio VD
Primera
tabla, primer ola...
Primer
360, primer tubo...
Primer
caída, las que duelen y pensas que te ahogas.
Despertarte
a las 6 am, tomar desayuno con tus amigos del surf, llegar a la playa y
encontrar que los olones por los que rezaste el dia anterior estan ahí.
Primer,
segundo, tercer, ...todos los atardeceres mientras flotas en el agua.
Quemadura
solar de primer grado en la nariz.
Llegar
atrás de la rompiente después de remar como un descocido, quedarte flotando
hasta recuperarte y comenzar el dia surfistico con una buena ola.
Frio
polar de Mardel en el invierno
Sentir
el agua caliente de Brasil y quedarte por primera vez horas y horas en cuero sin
frio.
Tengo
miles mas, pero es suficiente. El surf es lo mas. Este soy yo con un tubito de
hace unos dias en Chapadmalal, va la secuencia. Gerva
VD

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Fin
de semana largo del 12 al 14 de octubre 2002. por Maximo Dellarole
Con
los primeros calores de primavera y lindos días de sol llegando a Buenos Aires
, la idea de escaparse un fin de semana a Mar del Plata se hace cada vez mas
fuerte. En
la semana ya empezaban a cruzarse mails alentando la posibilidad de 3 días de
surf. Por mas que todos nos querramos ir, no siempre es fácil juntar un plantel
mínimo para poder concretar el viaje. El primer problema era la plata $...la
tengo pero no se si gastarla..después también están los parciales de la
facultad, que el sábado hay partido de fútbol, o de rugby, a mi novia mucho no
le gusta que me vaya, el lunes llego muerto y al otro día hay que laburar
temprano...y varias razones mas.
Pero el mar
llama...y así fue como Martín (el
quemero), Raul y Maxi decidieron que irían en busca de las olas una vez mas. Después
de algunas tratativas con la familia Bruni se confirmó que la Duna Week-End
colorada estaba disponible y así se fijó la hora de partida para la madrugada
del sábado (noche del viernes al sábado) A las 4:30 de la mañana Martín
pasó a buscar a Maxi por Belgrano, después a Flopi (novia de Martín y a quien
llevaríamos a un campo en el Km. 383 de la ruta 2) y finalmente a Raúl por
Palermo.
Cargar las tablas en el auto es algo genial, y
manejar por Av. Libertador en Buenos-Aires con las
tablas sobre el techo es bastante raro...

Como lo habíamos planeado, a las 5:00 estábamos
dejando la ciudad y ya en camino a Mar del Plata. En los primeros kilómetros de
ruta había algo de transito y algún que otro auto con tablas. Cuantos
surfistas habrá en Buenos Aires???
Estar
en la ruta con amigos es algo muy bueno. El auto se convierte en
una suerte de diván y se tocan todos los temas...una verdadera terapia! Después
de 4 horas y media de viaje, una parada para ir al baño, estirar las patas y
comprar agua fresca, galletitas y caramelos, estábamos llegando a destino. Los
primeros en recibirnos después de la rotonda de Av. Constitución (en el
Carrefour) fueron los muchachos limpia-parabrisas apostados en los semáforos.
Algunos de ellos son surfistas que aprovechan la ocasión para alzarse con algunas
monedas. Al ver nuestras tablas uno de ellos nos preguntó si éramos porteños,
(dijimos cobardemente que éramos de Chascomus sabiendo que los porteños no
somos muy bienvenidos en casi ninguna parte...) y nos pronosticó : ``A la tarde
se levanta en Horizonte´´ Dato muy valioso...
Al
final de la Av. Constitución se asomó por primera vez el horizonte marino del Atlántico.
Que buen momento, volver al mar después de tanto tiempo... Entrando a la ciudad
de Mar del Plata por el Norte pudimos ver que el mar estaba muy tranquilo, verde,
glass y que el viento soplaba del Noroeste. Eran las 11 de la mañana y nos
esperaba nuestro primer día de surf. Decidimos que lo mejor sería buscar
primero alojamiento para poder tirar todos nuestras cosas y evitar que algún
amigo de lo ajeno se alzara con nuestros bolsos, como sucedió una vez en
Pinamar. A los tres que viajábamos en esta ocasión nos gustaba la tranquilidad
así que enfilamos hacia la zona de Punta Mogotes donde conocíamos un hotel en
el que habíamos estado en Semana Santa. El hotel pertenece a una simpática y
hospitalaria familia italiana : los Giuliano. Su dueño, don Vincenzo, no tenia
planeado abrir el hotel, pero a pedido de sus dos nietos Nahuel (7) y Julián
(9), nos terminó habilitando un cuarto con 3 camas. ``Hospédelos, nono! Deles
la 11 !´´´... y así fue como nos abrieron el hotel...para nosotros! Un
agradecimiento a don Vincenzo, que salió en seguida a comprarnos media-lunas
para el desayuno. Un ídolo! Tiramos
rápido los bolsos en el cuarto, separamos los trajes, botitas, lycra y toalla y
salimos en busca de las olas.
El
sábado 12 de Octubre de 2002 fue un día mas que de verano : 30 º de calor,
sol y gente por todos lados. Terminamos en Playa Grande donde había una
olita...y mucha gente. Los 3 nos encontramos con alguien conocido! una locura...
Para estacionar estuvimos un buen rato.
Se
pudo correr algo del lado de Biología. El agua estaba e escasos 7ºC, casi como
un lago del Bariloche! o como el agua de una jarra de agua fría recién sacada
de la heladera. Lo mas raro era que afuera hacia un calor insoportable. Te ponías
el traje y botitas y empezabas a transpirar de calor, caían las gotas de la
frente, terrible. Y al entrar al agua las manos se te ponían azules de frío a
la media hora. El viento caliente del Norte era casi como un secador de pelo
natural.
A
eso de las 14:30 hs fuimos a comer al McDonalds de Playa Grande (comida de
deportistas!) y después a descansar media horita al hotel.
Despues
de una breve pero profunda siesta recordamos
el consejo del limpia-vidrios y esa tarde fuimos a Horizonte. Es una de las
playas mas lindas, justo atrás del Faro y del Acuario de Mar del Plata. Después
de la larga bajada llegamos al estacionamiento que estaba lleno de autos con tablas. Había
acá mas clima de surf y algo mas de ola. Sobre las rocas se levantaban algunas
izquierditas de 1,5 metros. Mas a la derecha las olas eran un poco mas chicas
pero lindas igual, y el mar estaba realmente lindo : verde botella y viento
suave de tierra. Mucho mejor que Playa Grande, menos gente, entorno mas natural
y todo mas tranquilo, como nos gusta a nosotros. El simple hecho de que no
hubiera asfalto ni edificios a la vista era algo muy bueno. Corrimos lindas
olitas por casi 2 horas, ya el sol se estaba yendo y casi no quedaba luz. Al
salir del agua nos quedamos los 3 contemplando el mar, las olas, los surfistas
que todavía quedaban en el agua...con una gran sonrisa en la cara y paz en el corazón.
Estábamos haciendo lo que mas nos gustaba, y dábamos gracias por eso.
De
vuelta en el hotel y después de una larga ducha de agua caliente, fuimos a
comer una pizza a la calle Alem. Eran ya las 10 de la noche y estábamos
extenuados de cansancio. Después de poner el despertador a las 8:30 apagamos la
luz y nos dormimos profundamente.
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Rumbo
a Brasil. por Luciano
Era
10 de enero, seis de la mañana....Juan (amigazo surfero) y yo
estabamos haciendo el papelerío de Ezeiza.....rumbo a Brasil...DE VERDAD AL
FIN LO ESTABAMOS HACIENDO....!!! Había
una emocion que no se aguantaba (aunque creo que esa sensacion pudo haber sido el
miedo al avion...vaya uno a saber...).

Cuando
me quise dar cuenta ya estaba aterrizando en Floripa, bondi de por medio nos
encontramos con Rorro en Canas Vieiras, y ahi empezo la recorrida!! Primera
playa....Praia Mole.....recomendada por Diego (turko), un gran amigo....series
inmejorables, para mi la mejor playa en la que corrí muy buenas olas....luego
Praia Brava....(en la que casi me ahogo...fue realmente horrible, la sensación
de que no salís ni en pedo, cada vez te vas mas abajo, y no tenes la mas puta
idea de para donde nadar, yo me pregunte.."donde mierda esta la
superficie??"...y tambien.."porque carajo no tome aire??!"). En
fin, como se daran cuenta safé...asi que no me quedó otra que seguir el
recorrido, aunque de aqui en mas con un poco de precaución...seguimos con
Ingleses ya que le preguntamos a un local donde estaba quebrando, el loco
prendio la radio, y escucho el informe y entre las 10.000 palabras que nos
dijo en potugues le entendimos "ingleses", asi que ese fue nuestro
objetivo del día. Cabe destacar que ingleses tenia un agua muuuuy cristalina,
y rompia muy limpio y organizado, una tras otra, derechas cortitas pero
seguidas....fue un dia exelente... Y bueno, llegaron los pibes que venían
unos dias mas tarde, Perro, Mati, Coco, y Vonca...ya estabamos todos!
Rumbo
a Ferrugem. De mas esta decir que aqui estuvieron la mayoria de las anecdotas,
muy cómicas por cierto, pero que no las entenderian porque son muy nuestras,
codigos de cada uno, solo voy a contar una en el agua, ya que el surf es lo
que nos interesa..."praia ferrugem, un amigo me dice..."che lu, me
enseñas a surfear?" obvio que si, lo poco que se te lo puedo pasar a
vos....entonces se alquilo un fun como de goma (una goma dura parecida a la
pelota MAcu pero rígida...)y al agua pato (acompañados por Lucas y Fer,
comienzo de una gran amistad)....De repente viene un olon, y le grito desde
dos metros de distancia..." dale, vamos con esta!!", la remamos
juntos y la agarra....yo, a dos metros hacia su derecha, ya venia parado
mirandolo asi lo podia corregir, de repente tira el movimiento de take off y
ocurrio.....la tabla salio disparada en diagonal, obviamente donde estaba
ubicada mi cara...caigo al agua, medio atolondrado, salgo y le
digo...."Vonca, la c de tu hermana...me partiste la cara!!!" y me
tira.."en serio?? ni me di cuenta....je" y tira sonrisa....en
fin...Un saludo a todos, y espero que no sea la ultima vez que visite un lugar
asi, sol, playa, mar, y mucho surf!
p.d:
Fotos: praia Ferrugem, al lado del morro grande..../ los pibes en la
pousada...!
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Un Sueño, un
Lugar por Germán (el chino), de Bahía Blanca (Argentina)
Sentado en la mesa de mi departamento, entre algún ejercicio de matemática que
no me salen o algún teorema que me aburre, levanto la mirada y miro por la
ventana los edificios y casas del barrio Universitario de mi ciudad natal de
Bahía Blanca.
A la distancia veo el cielo con sus nubes y
unos pajaros que vuelan en bandada. Llega Enero y esos pajaros se convierten en
gaviotas y el viento característico de Bahía, es ahora una suave brisa marina
que me acaricia el rostro y me trae perfume a sal.
Visto solo una malla, y tengo la piel bronceada
y los pelos duros y salados.Y cuando bajo la mirada, ya no hay más edificios,
ni apuntes de matemática, Solamente veo mis pies descalzos sobre la arena. No
se escuchan autos, solo el sonido de las olas.Empiezo a caminar hacia el espigón
Oeste cerca del cual agarré tantas olas con otros pocos como yo. Después del
espigón vienen las dunas de arena y la playa se vuelve menos concurrida, por
allá cerca de lo que era el Eslora está la casa del Cabe. Hay un viejo
poniendo un tramallo y un poco más allá se pueden ver las piedras, a las
cuales observo como tantas veces preguntandome si actuaran como una especie de
arrecife de coral, levantando olas rápidas y tubulares.Y por último el Camping
Americano el cual es casi siempre el destino final de una larga caminata en
alguna mañana de cielo azul.Vuelvo a mi bajada y subo al parador Posada del Sol
donde me encuentro con mis amigos. Suena música de playa.
De repente la suave brisa marina
proveniente del sur, se vuelve más fría. El viento empieza a soplar más
fuerte. Se viene una sudestada. Subo media cuadra y entro a esa casa de
ladrillos de dos pizos que construyó mi abuelo. Ese segundo hogar que cada vez
valoro más. Adentro están mis papás, mi abuelo, y mi hermana tomando mate.
Sobre la mesa hay facturas de la panadería Malvinas. "Qué sudestada que
se levantó, Roberto" dice el viejo. Y yo no puedo evitar sonreír pensando
en mañana, y rogando que calme el viento en la madrugada. Esa noche no salimos
con la vagancia pero nos juntamos a tomar unas birras y escuchar El Remolcador
en el parador. Me voy a dormir a la una y media con el sonido del viento
entrando por debajo de la puerta del balcón.
Sueño, pero cuando me despierto temprano
a la mañana ya no recuerdo que soñé. El sol entra por las rendijas de las
percianas, y sin abrirlas para no despertar a mi hermana miro hacia la playa.
Veo el tren de ondas que está rompiendo, y estoy casi seguro que las olas están
excellentes. Bajo despacio para no hacer crujir los escalones y agarro mi Camarón
Brujo 6'3''. Me pongo mi O'Neill 2/3 , parafina a la tabla y salgo de mi casa.
El cielo está azul, y el sol radiante, se eleva por el Este. Está fresco todavía,
y camino la media cuadra hasta la playa, teniendo cuidado de no pisar ninguna
piedra filosa. Hay bastante gente, ya que temprano para un adolescente como yo
son las 9 de la mañana. Saludo a algunos, ya me conocen. Corro hasta la orilla,
me pongo el leash en el tobillo izquierdo y entro al agua.
Empiezo a remar hacia la rompiente y
sorprendido me doy cuenta de que hay otro surfer en el agua. Está en cuero el
muy loco. Me acerco y le digo "hola" y me devuelve la mirada una cara
tan familiar pero tan distinta. Es un hombre de unos 50 años con pelo largo y
barba rubios, y la piel curtida y bronceada por el sol y la sal. Soy yo, pero más
viejo. Fue como si la sudestada hubiese doblado el tiempo en el mar y aca me
encuentro yo con mi futuro. Este viejo me dice: "Soy la personificación
del futuro que tu joven mente añora. Me recibí de Ingeniero en Sistemas, pero
nunca ejercí, sino que seguí mi corazón y me fuí de mochilero Brasil, estuve
en México, volví a California, pesqué con los indígenas en Hawaii,
corrí olas en Indonesia, Australia y el continente negro.
Y aca estoy de vuelta, en Monte Hermoso,
el lugar que le dá sentido a mi vida. El lugar que se grabó a fuego en mi
corazón y en el tuyo, y en el de muchos otros. Aprovecha estas olas, porque
nunca van a ser tan perfectas, y el cielo nunca va a ser tan azul como hoy, ni
las nubes tan blancas o el agua tan cristalina. Es tuya", y fueron sus últimas
palabras, ya que venía un olón. Me doy vuelta y empiezo a remar hacia la playa
con todas mis fuerzas. Siento que la ola está justo detrás mío, y empiezo a
elevarme. De repente me paro y la dropeo. Una pared de agua se desliza enfrente
mío y solo veo un agujero de luz al final del tubo. El tiempo se avanza
lentamente, y no hay sonido alguno. La luz se hace cada vez más grande, y más
intensa y yo me alegro porque voy correr mi primer tubo, estoy ya casi a
punto...
En ese momento abro los ojos atontado, en la
habitación de mi departamento...
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EL AMOR DE MI
VIDA. Por Rodrigo Caballero. (Revista
MAREAS - R.O. del URUGUAY)
Por allá por abril del año pasado, viajé a Chile con todas las ganas
de surfear La Hacienda. Me pasé diez días en Pichilemu y, si bien la época no
era la mejor, pues estaba comenzando la temporada de lluvias y viento norte,
agarré un swell de los buenos, el cual me permitió disfrutar de dos días
enteros de tubos inolvidables en la mágica izquierda de Puertecillo.
Al
mes y medio me fui a Brasil. Había visto en Internet un gigantesco swell del
sur pintando de rojo la pantalla del Fnmoc y me volé para Garopaba. Bajé del
ómnibus casi a medianoche, unos minutos antes de que el viento desapareciera
por completo. El amanecer del día siguiente me mostró un Silveira tan grande y
perfecto como nunca hubiera podido imaginar, pero la tabla más larga que había
llevado era una 7’,2” y no me permitía encarar aquel tamaño. Así que
agarré una Schlickmann 6’6” roundpin que me había prestado un amigo, me
fui hasta Vermelha y le di masa a una izquierda soñada que se enroscaba, con
dos metrazos, desde el pico hasta el canal. Surfié solito todas las que quise.
A las diez de la mañana, hora en que según los carteles colgados en las
vidrieras, los surfshops abrían sus puertas, salí del agua y me fui a buscar
una buena gun para pegarle a la Silveira. Paré en lo del Schmith quien, tras
decirme que no iba al agua pues se había lastimado un tobillo, me mostró una
Força Local 8´,6” alucinante, que había sabido dropear altas bombas en la
Vila bajo los pies del Fabinho Carvalho. Le entregué los doscientos reales y me
fui como pedo a darle a esa derechota animal que seguía rodando clásica, con sólo
tres personas en el agua, al lado del morro de Silveira. Fue el mejor día de
olas brasileras que tengo en mi memoria. Una verdadera sesión de big waves a
tan sólo quince horas de Montevideo.
Cuando volví al Uruguay estuve como dos meses sin surfiar nada, pues me
puse a juntar vento para irme al Perú. Los cuentos que me trajo un amigo, recién
llegado de Pacasmayo, Chicama, Cabo Blanco y Máncora, me habían dejado
trastornado. Encima, el loco es fotógrafo y condimentó los relatos con unas
fotos capaces de enloquecer hasta al menos fisurado. Cuando tuve los pesos, me
tomé el avión y me bajé en la Ciudad de Lima. Ya de pique, ligué un swell
fuera de época que le dio a Señoritas y Punta Rocas de forma demente; pero
demente de verdad: rodaban unas derechas mágicas, bien lisas y del color de la
plata, que todavía cierro los ojos y las veo. Me acuerdo hasta del olor que había
ese día en el aire. Fue un swell buenazo pero corto; apenas dio tres días de
surfing, uno de los cuales me permitió volver a usar la Força Local y sentirle
el poder a un Pico Alto mediano pero perfecto. Después el mar flateó y me rajé
para el norte. Si les llego a decir
cómo agarré Pacasmayo, Chicama y el Cabo van a pensar que lo hago para
babosearlos. Así que mejor me callo la boca, no sin antes contarles que el caño
de Cabo Blanco es un expreso animal y que, para tomar una buena ola allí en un
día clásico es preciso tener mucha suerte.
Casi
tanta como la que tuve al encontrarme con Miles y Shawn, una pareja de amigos
kiwis que estaban yéndose a Ecuador pues un swell masivo del norte le iba a
pegar a Montañita dos días después. El padre de Shawn es un magnate neozelandés
de las ovejas, por lo cual no tengo ni que aclarar que me llevaron con ellos sin
dejarme pagar un sólo mango.
¡Cómo estaba Montañita, hermano! Las
derechas se enroscaban por más de trescientos metros sobre una plataforma de
piedra lisa generando tubos tan perfectos que era imposible pensar en meter una
maniobra. Tan sólo bastaba dropear, encajarse y dejar rodar. Cuando salías del
barrel, acelerabas un poco para enganchar la segunda sección y... chau, otro caño
más. Y la ola tiene cuatro secciones. Cuatro secciones que, con marea baja,
cada una de ellas larga un tubo increíble.
Después de tres días surfiando altas, llamé
por teléfono a mi mujer y me putió todo, así que decidí tomarme el primer
avión y poner todo de mí para evitar el divorcio.
Cuando llegué estaba hecha una fiera:
gritaba y putiaba como si fuera el último día. Mientras ella descargaba todo
su veneno de mamba negra contra mis oídos -ya doloridos por un palo feo que me
di en Montañita- yo buscaba en mi mente la manera de decirle, sin potenciar su
malhumor, que en enero, cuando a ella le correspondería la licencia, nos iríamos
juntos al North Shore. Ya la había llevado dos veces pero, por supuesto, nunca
la saqué más allá de Haleiwa ni más lejos que Waimea Bay. Y, a pesar de que
había desarrollado una relación casi fraterna con la arena de Laniakea, pues
era ese el pico que más me gustaba surfiar, ella había jurado que nunca más
iría al North Shore.
Calculo que la forma en que le conté lo del
viaje no fue la más adecuada pues, en el preciso instante en que lo hice, una
pastilla de Sticky Bumps de agua caliente se estrelló contra mi ceja izquierda.
Me tiré al piso, me agarré la cabeza y comencé a girar y hacer bulla como los
jugadores de fútbol cuando van ganando y les hacen un foul. De paso ensayé
algunos gritos de dolor –no del todo fingidos- en busca de generarle un
sentimiento de culpa que actuara de motor para una pronta y apasionada
reconciliación.
Pero lo único que mi cuerpo sintió fue una
sentencia sólida e inamovible: “En enero, vamos a veranear en Uruguay, con
nuestros amigos”. ¿Nuestros amigos? Pensé yo. ¿Esos salames novios o
esposos de tus amigas que lo único que hacen es hablar de billetes, laburo y
camionetas 4 x 4? Las pelotas, no voy nada. Pero me callé la boca y dije con la
voz más dulce que mi garganta pudo producir: Sí, mi amor.
El 31 de diciembre cazamos la Interbalnearia.
El auto iba cargado con la sombrilla, la heladera, unos libros, las sillas de
playa y un colchón de mierda para el pelotudo del novio de Vicky, que si no
tiene su colchón de no sé que espuma especial no puede dormir. Encima, tampoco
tenían lugar en la camioneta para llevar al sobrinito del pibe, un gordito
pelirrojo e hinchapelotas que no paró, durante todo el camino, de hacer globos
con el chicle, pegar mocos en la parte de atrás de mi asiento y cantar
estupideces.
En el itinerario de las vacaciones, diseñado
cuidadosamente por mi esposa y “nuestros amigos” a lo largo de aburridas
cenas en diferentes casas, figuraba como primera parada Punta del Este, donde
pasaríamos tres días; luego nos trasladaríamos con todos los petates a la
casa de mi tía en Anaconda, donde tendríamos la base para visitar La Pedrera y
el Cabo Polonio.
La reconcha de mi madre, decía yo para mis
adentros mientras pensaba en Backdoor, Pupukea, Sunset y mi ola favorita:
Laniakea. No podía creer que me tenía que fumar todo un enero en Uruguay con
la certeza de que no iría a surfiar ni una puta ola. ¡Qué malhumor! De todas
formas, cargué en el techo del auto mi Arakawa 6’,0” nuevita y pensé que,
al menos, podría utilizarla para molestar al gordito pelirrojo, ofreciéndosela
para luego decirle que mejor no se la prestaba porque podría lastimarse.
Pero, como dice Jorge Ben: Deus é justo e
verdadeiro. En lugar del previsible flat estival, el 2003 arrancó con olas
increíbles quebrando en todos los points donde “nuestros amigos” decidieron
veranear.
El
primer día de las tan planeadas vacaciones, surfié clásico en El Pepe, cuyo
banco moldeaba unos tubos cuadrados que me obligaron a pasar adentro del agua más
de ocho horas. El segundo le di a La Garzón y el tercero repetí el plato.
Altos caños los tres días.
Cuando
llegó el momento de seguir viaje, levantamos campamento y nos fuimos
para La Paloma en una caravana
de cuatro autos, todos comunicados por una especie de walkie-talkie que uno de
los amigos de mi esposa nos había entregado para mantenernos en contacto en la
carretera, el cual aprovechaba para mandar chistes de los más estúpidos en
forma sistemática. Cada vez que sentía el ruido del aparato, avisando que el
Juanchi llamaba, el espíritu de algún asesino serial ya fallecido se apoderaba
de mi cuerpo. Finalmente llegamos.
Tendrían
que haberle visto la cara a mi mujer mientras descargábamos el auto en la casa
de mi tía, justo enfrente a Zanja Honda. La zurda estaba como pocas veces: dos
metros, agua azul y sólo cuatro personas en el agua. Descargué el auto lo más
rápido que pude y me fui a surfiar. El viento se mantuvo del noreste hasta el día
siguiente, cuando paró en seco y el MDT se puso de gala.
Al otro día pintó el picnic en la Pedrera.
Fuimos derecho para la Paya del Barco, pero había un poco de viento levantando
arena y todos dijeron de ir para la “otra playa”. Mi mujer miró el mar y
vio como un pico lindo pero un cacho movido por el viento lateral, se enroscaba
solito sobre el banco de arena. Se pensó que era una buena ola pues me lanzó
una mirada en la cual pude leer claramente: cagaste, nos vamos para la otra
playa. Me limité a sonreír y caminar despacio hacia el Despla, con la
6’0” bajo el brazo, la sombrilla y una sillita plegable.
Van
a pensar que los estoy jodiendo, pero les juro por lo que más quiero que la
Derecha del Desplayado estaba mágica: un metro y medio enroscando desde abajo
del Costa Brava hasta el banco de la playa, enfrente a la última casa de la
arena, el quincho ese que tiene un ventanal cósmico que da al mar y donde
siempre hay varios Peugeots nuevitos parados en el fondo. Contento como un niño
el seis de enero, le di, le di y le di hasta que no pude más. Recién entonces
salí del agua y fui corriendo, chorreando agua salada, hasta el picnic de
“nuestros amigos”. Sonriendo y sin decir una sola palabra, me comí como
catorce sánguches de jamón, tomate y queso que el gordo Peter, uno de los más
bobos del grupo, guardaba apiladitos en un taper azul y blanco. Me clavé media
botella de Coca Cola helada y, tras eructar imitando el sonido de una rueda de
auto o de una pelota de fútbol recién pinchada, me volví pal agua.
A la mañana siguiente, la derecha seguía
bombeando, pero el itinerario decía que debíamos salir, con toda la troupe,
para el Cabo Polonio. Allá arrancamos nuevamente, con los chistes sonando en el
walkie-talkie y el gordito ladilla cantando a los gritos. Al llegar, dejamos los
autos en lo del Canario y nos subimos al camión,
no sin antes tener que bancarme al Chapas, el más cheto del grupo, protestar
porque no lo dejaban entrar al Polonio con su Mitsubishi Montero. ¡Qué nabo
ese Chapas! Pero bueno, la cuestión fue que, una vez que el mionca llegó a la
playa, la vi. Estaba sola y desatendida; linda y radiante bajo un solazo mañanero
que se reflejaba en la pared hueca. Salté del carro con la tabla abajo del
brazo y les dije que, en un rato, los vería en el rancho. Pero si todavía no
alquilamos -me dijo el Chapas- cómo nos vas a encontrar. El Chapas debía
pensar que el Polonio era una gran ciudad, poblada de rascacielos y donde
encontrar a alguien era una experiencia reservada para pocos afortunados. No le
contesté, es más, ni siquiera lo miré y me fui al agua corriendo. ¡Cómo
estaba eso! ¡Mi dios querido! Era una cosa de locos. Al no haber otro surfista
en el agua, no percibí el tamaño hasta que estuve adentro. Recién ahí caí
en la cuenta de que estaba disfrutando de una de las olas más perfectas y
tubulares que agarré en toda mi vida en el Uruguay.
Un ratito después de haberme tirado, cuando
ya estaba bien acostumbrado al drop venenoso que producía el raso banco de
arena, cayó mi amigo el Rapper y se metió al agua para compartir una de las
mejores sesiones que tuvimos en muchos años. Era un tubo atrás del otro. En
seguida cayó el Zorri, que se metió terribles ñocas y los festejamos como si
fueran goles en la final del mundo. Atrás llegó el Negro que venía con el
Pancho, el Jorge, el Motas y el Mere. ¡La panzada que nos dimos! Inflada me
quedó la boca.
El swell duró dos días y, tras una tarde de
flat, volvió a entrar uno más grande al que le dimos hasta más no poder,
durante cuatro días, en la Playa Grande de Santa Teresa.
Y... bueno sí... hoy estoy divorciado, pero
tengo unos recuerdos de olas perfectas, con mis amigos y en mi país, de los
cuales cada día me enamoro más.
¡Ah!
Y dentro de unos días, cuando pase el swell de Iemanjá, me las tomo para el
North Shore.
Y
después veré...
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Cómo vas a saber ... Por Martin BRUNI, Buenos Aires,
Argentina
Como
vas a saber lo que es el placer, si nunca corriste un día soleado olas de tu
tamaño ideal.
Como
vas a saber lo que es el cariño, si jamás acariciaste la tabla sin darte
cuenta, cuando mirabas las olas antes de
entrar al mar.
Como
vas a saber lo que es el dolor, si jamás te cortaste todo con un coral.
Como
vas a saber lo que es la poesía si jamás viste la caída del sol
desde adentro del mar esperando la última ola.
Como
vas a saber lo que es la humillación, si jamás un local te robo una ola
perfecta.
Como
vas a saber lo que es la plenitud, si jamás pegaste un tubo.
Como
vas a saber lo que es el pánico, si jamás te agarro un espumón,te revolcó y
pensaste que no salías nunca.
Como
vas a saber lo que es morir un poco, si sabías que te alejabas de la playa por
unos meses.
Como
vas a saber lo que es el insomio, si jamás te despertaste esperando que entre
el swell y todavía no había amanecido.
Como
vas a saber lo que es el sacrificio, si jamás remaste por una hora para poder
entrar.
Como
vas a saber lo que es el valor, si jamás trabajaste unos meses para poder
comprarte tu tabla.
Como
vas a saber lo que es la preocupación, si jamás se te corto la pita y fuiste a
buscar tu tabla a las rocas.
Como
vas a saber lo que es el perdón, si jamás le dijiste “esta todo bien” al rookie
que te paso por arriba.
Como
vas a saber lo que es la soledad, si jamás viajaste solo para correr esas olas
que siempre soñaste.
Como
vas a saber lo que es la decepción, si jamás en tus vacaciones el mar estubo
flat por una semana.
Como
vas a saber lo que es la amistad, si jamás surfeaste con amigos.
Como
vas a saber lo que es la vida, si nunca,
jamás, surfeaste...
Foto
: Que bueno que es saber lo que
se siente... Martin Bruni (el Quemero) en una linda derechita, Ferrugem´99,
Brasil. Foto: Maximo.
Gran
set entrando a la playa californiana de Oceanside. El puntito negro que
pueden ver debajo del pico rompiendo es un surfista...asi que imaginen el
tamaño de estas olas adentro del agua !
Foto tomada por Martin Bruni desde el
auto en Septiembre de 2001, justo antes de cerrar bien todas las puertas y salir
corriendo para el agua.
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Y el OLON
llegó...Por Fernando Comune.
Estaba ENORME y había muy pocos locales. La opción era clara: o olas de un
metro y medio aproximadamente, que rompían de la piedra de Macumba para la
izquierda (derechitas muy agradables realmente, aunque con bastante gente) o los
olones enormes que rompían en Macumba misma (de la piedra a la derecha). Me
acordaba de un relato que hace Maxi en tresquillas.com.ar porque la decisión
era exactamente esa... O el olon de tu vida, o un muy buen día de surf con
muchas olitas lindas...
Confieso que estaba cagado pero hace dos semanas que surfaba olas chicas a
medias y me estaba sintiendo muy seguro, así que dije que ese era el día de
surfar la ola de mi vida. Estaba jodido en serio, pocos nos animamos a meternos
por las piedras.
Eramos unos 5 osados que estabamos adentro contra la piedra/isla de Macumba un
poco cubiertos de la entrada de los olones porque estaban rompiendo desprolijos,
uno mas lejos, otro mas cerca entonces estaba medio peligroso, porque repito,
estaba MUY grande y esas hermosas rompiendo en tu cabeza te dejaban boleado y te
tenían bastante tiempo abajo del agua...
Dos veces la serie nos sacó a todos,
absolutamente todos (no había patito que valiese) y volvimos a entrar por el
canal. Había unos locales con sus "guns" (tablas largas que tienen
para esos días) que agarraron 2 o 3 olones cada uno, la tenian atada esos tres
locos. Despues había un viejo manero con tablón que a pesar de los años de
experiencia se veía que estaba mas cagado que yo y Eu. Luego de una hora y
media, SI, HORA Y MEDIA, estudiando la ola y sufriendo revolcadas de las hijas
de puta que rompían antes llegó MI ola. Enorme y perfecta, el labio se
levantaba y llegó monstruoso a mí, casi vertical y a un instante de romper, la
remé, apoyé mis dos manos planas en la tabla (como mi amigo Machi me aconsejó
y me resulta muy bueno), me paré rápidamente y mientras la bajaba en picada
violenta corregí con un back que me dejó corriendo el olón mas grande, rápido
y perfecto que tuve en mi vida. Cuando me empezaba a alcanzar la espuma cortaba
la pared a 200km/hora (así se sentía), mirando esa pared que me acompañaba a
centimetros de mi cuerpo y que parecía comerme y cuando me alejada volvía
suavemente, estuve en su labio bien arriba y al límite dos veces y la bajé
sucesivas veces, fue un polvo realmente. Hubo gritos de locales y todo, que
potenciaban mis gritos de felicidad. Fueron los segundos de gloria en los que se
plasmó toda mi humilde experiencia y aprendizaje surfístico de todos estos años.
Domar esa bestia fue un verdadero orgasmo multisensorial.
Ayer las olas de Río de Janeiro me terminaron de dar todo lo que les hubiera
podido pedir.
Este recuerdo es mío y me lo llevo a la tumba como uno de los mejores recuerdos
de mi vida. Por muchos años voy a recordar esa ola y no voy a poder ocultar la
sonrisa que se dibuje en mi cara...
GRACIAS RIO! Abrazo
muchachos...
Fernando Comune
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La historia de Marcos. por
Marcos Ulla, Córdoba Capital, ARGENTINA. (recibida via E-mail)
Hola
amigos: Contarles mi historia surfeando sería algo breve, ya que solo un
verano tuve la oportunidad de mi vida. Soy de Córdoba (Argentina), me llamo
Marcos Ulla y de chico me llamaron la atención todos los deportes en la
naturaleza, y por sobre todo en el agua. Debido a una insuficiencia cardíaca
congenita no he practicado deportes de chico, pero hace un par de años que se
me despertó el deportista y aventurero que llevaba adentro y de ahí en
adelante no paré.
Con
mis amigos hacemos Windsurf, Wakeboard y Sky acá en el famoso Lago San Roque.
Pero yo necesitaba bajar una ola.
Aprovechando
uno de los viajes a Brasil que realizó mi novia Belén, le encargué una
tabla de surf. Me trajo una llamada Speedline de un shaper llamado Johnny B.
Joddy, es un modelo brasilero y muy colorido. La pueden ver en la foto fuera
del agua.
En
febrero del 2002 con Belén decidimos ir a la costa (a todo esto yo todavía
no conocía el mar) y elegimos como destino Villa Gesell, hicimos los bolsos,
puse mi tabla en la funda y lo demás es dificil imaginar: un cordobés
caminando por la calle hacia la terminal de omnibus con una tabla de surf
abajo del brazo.
Llegamos
a Gesell. El contacto con el mar, el viento y la arena, juro que creí
estar en mi casa, más allá de ser la primera vez que pisaba el suelo de una
playa. Desde ese momento solo una cosa me empezó a rondar por la cabeza,
SURFEAR. Foto: Marcos y Belen
En
el balneario Windy de esa ciudad empezé un curso de surf, utilicé una tabla
tamaño Funboard de un material tipo esponjoso muy copado. Era una tabla para aprender sin golpearse y sin golpear a alguien que esté
nadando por ahí. Los instructores eran muy copados y al primer día que entré
al mar con la tabla bajé varias olas, chiquitas, pero inolvidables. Desde ese
momento no pienso en otra cosa. El Windsurf de los fines de semana no calma la
sed de agua salada, y olas, olas, olas. Hasta verlas pasar sentado en la tabla
en la zona del tobogán es impagable. Por cuatro días estube surfeando y
pegando olas que algunos días
eran bastantes poderosas. Algunas dolían. Pero nunca se me fue la sonrisa del
rostro, ni siquiera cuando salía del fondo todo dolido por haber qu
Todo
esto se terminó cuando tuve que
volver porque el trabajo así lo requería, la desolación de un pibe
rubio (más que nunca por el agua y el sol), bronceado, con bermudas y
una tabla de surf caminando hacia
casa en el amanecer de una de las tantas noche hermosas de Córdoba era digno
de una foto que nunca saqué. Porque no.quiero recordar el
regreso, sino la partida, y todas las próximas partidas. Foto: Marcos
en una linda ola de Villa Gesell, Argentina. Amigos,
quiero despedirme recordando una frase de Alberto (mi instructor de surf del
Windy) y me aconsejaba que en el mar, cuando me la viera fulera,
cuando esté remando para cruzar la rompiente y vea una ola con una grosa
espuma, abandonara el barco y me tirara al agua, abajo del agua hay
tranquilidad, hay paz, porque arriba... arriba hay rock and
roll amigos!!!!!!.
Marcos
Silvestre Ulla Colón
1155 Torre II 2ºB
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Nunca es tarde si de surf se
trata...por Gustavo, el Pirata (Argentina).
Recibido via E-Mail.
A los
35 años lamento muchisimo haber esperado tanto para haber aprendido a surfear. Fue en
Semana Santa de este 2002. En el verano fui como siempre a Villa Gesell (Argentina)
a pasar un fin de semana. Estaba el campeonato de surf y se escuchó por lo
parlantes que habia un señor de 65 años que estaba aprendiendo a surfear. Entonces
me dije porque no me animo? Y asi que fui, averigue, y arregle para Semana Santa.
Entonces gracias a la paciencia de Leo ,Quike y los chicos de la escuela de Surf
de Windy aprendi a pararme. Lo logre en la tercer espuma y ahora estoy en busca
de un funboard y del neoprene para aprovechar y aprender bien ,porque como todo,
sino practicas no llegas a nada.
Ahora no solo veo a los surfistas sino que tambien puedo
entrar y disfrutar del mar mas a pleno. Si hay algo que me da fuerzas y me llena
de energia es el mar. Mi viejo tiene un departamento en Villa Gesell, asi que
cuando aca en la jungla los problemas me superan, me subo al auto y me voy alla
a sentarme en la playa a mirar el mar. Solo a mirarlo. Y vuelvo renovado. Asi
que cuando consiga la tabla y el neoprene voy a volver mejor...
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Poesias marinas, por Raúl Rodriguez (Argentina).
Ya sea por divina suerte,
o curioso azar, cual capitan que a la mar siempre a de volver, la siempre
tempestuosa Mar del Plata, en su bravura una vez más me supo guardar. Y si del
horizonte perdí su ojo profundo, el rumor de una nueva ola presagiaba mi
destino...
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SURF
y SEXO ? por “Dani’s”,
Daniela
Abatecola (Argentina)
recibido
via e-mail
Nota de Tres Quillas
Surf :
el surf y el sexo parecen estar ligados de alguna manera...piensen en surfistas
recorriendo cilindros humedos con sus tablas en forma de punta, que al salir de
ellos expulsando un blanco spray de espuma dejan escapar su grito de
satisfaccion....y tienen una completa analogia entre el surf y el sexo! Y si no
están del todo convencidos lean este excelente y sugestivo texto que nos envió
gentilmente Daniela via E-Mail.
Les
mando algo que escribí un día que estaba mirando el amanecer en Mar de Ajó al
lado del muelle. Espero que les guste:
Después
de tanto tiempo te sentí. Yo estaba parada sin hacer nada más que admirar tu
belleza... sin moverme deje que te fueras acercando lentamente y cuando quise
pensar ya estabas ahí.
Me tocaste y sentí mi cuerpo estremecer, no podía decir una sola
palabra. Mis sentimientos y reacciones eran una gran mezcla de nervios, de alegría...
sentí que estaba tocando el cielo.
Al rato comencé a dejarme
llevar. Poco a poco y muy lentamente fui dejando de pensar y me entregue a vos.
El placer que mi ser sentía a medida que ibas rozando mi cuerpo era imposible
de describir.
Recuerdo que sentía escalofríos,
pero con el correr del tiempo esos escalofríos se iban convirtiendo en
deseos..., los cuales me hacían sentir que éramos solamente uno, unidos. La
mente y el alma se juntaban para vivir ese gran momento con pasión y pura
adrenalina.
Vos controlabas todos mis movimientos, yo me dejaba llevar e intentaba
hacerlo de la mejor forma posible. El tiempo seguía pasando... el sol comenzaba
a ocultarse, cada vez era más extremo y nadie nos podía separar... Haciéndolo
éramos perfectos, por no decir los mejores. Estábamos conectados y todos lo
notaban, pero a pesar de todo seguíamos disfrutando el momento cada vez con
mayor intensidad... no podíamos parar...
Nos rozábamos y nos tratábamos con tanta suavidad, eran puras caricias.
En el fondo sabía que éramos distintos, vos tenías tanto poder, cualquiera
que te vea sabe que eres imponente... se nota con solo escucharte... En cambio
yo, estaba tan entregada a vos que no me daba cuenta de que sin querer me podías
lastimar. Aunque en lo más profundo de mi ser sabía que no lo ibas a hacer, me
estabas dando tanto placer, tanta alegría... eran momentos que sabía que no
iba a poder olvidar y mucho menos cuando al otro día me diera cuenta de que me
dolía todo por tanto esfuerzo físico, pero bueno... no puedo decirte otra cosa
que no sea... “GRACIAS MAR”, por tantas olas perfectas... Mañana nos
volvemos a ver...
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S
u
r
f
por
Alejandro Di Pangrazio, surfista.
(Argentina)
recibida
via e-mail
Este
deporte tan loco, va mas allá de todo, es algo que no podríamos
comparar con nada.
Este
hace que te enfrentes directamente con la naturaleza, y el objetivo
principal es que la sepas dominar.
Estas
sentado en tu tabla y ves que se acerca, te vas dando vuelta y la
comenzas a mirar de reojo, con tu pecho erguido y comenzando a remar
para no ser chupado, en ese preciso momento comienza esa cosquilla en el
ombligo. Remas remas y remas, luego
llega el salto, si el salto, si te habrás trabado el pie y perdiste la
ola para ser revolcado por el fondo.
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